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The Chemical Brothers

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Ingleses, hedonistas, feos y faltos de glamour. Sí, pero son los artífices de la entrada masiva del tecno en las listas de ventas. He aquí al dúo que cambió el pop para siempre

LONDRES (El País).- ¿Son éstos los músicos más importantes de los años 90?", preguntaba la portada de enero de 2000 de la revista musical Jockey Slut. Debajo, dos personajes. Uno, moreno y con frenillos en los dientes; el otro, luciendo lacia melena rubia y gafas de pasta negra con cristales ahumados. Miradas abovinadas. Ningún glamour. Ningún nombre.

Casi dos años después. En una oficina londinense con vistas al bar Italia que Jarvis Cocker inmortalizó en un tema de Pulp, un hombre bajito y ligeramente tartamudo habla frente a una grabadora: "Eran los mejores DJ que jamás había oído. ¡Qué demonios, aún lo son!" Se llama Robin Turner y a sus 36 años es el fundador de un club mítico en el Londres de mediados de la década del noventa: The Heavenly Sunday Social. Esta sesión se asentó los domingos en una sala pequeña (cabían unas cien personas) de ambiente muy relajado, y fue muy frecuentado por Paul Weller, Tricky o los Oasis. Era 1994. Sus platos, durante aquellos ocho meses que existió, siempre fueron cosa de dos tipos con pinta curiosa. Uno rubio y otro moreno. Los DJ más sorprendentes de la época: The Dust Brothers.

Los Dust Brothers. Noviembre de 2001. Sentados en un moderno pub del norte de Londres. Ese nombre lo tomaron prestado un par de años, pero pertenece a unos productores encargados, entre muchas otras cosas, de uno de los discos preferidos de este dúo: Paul's Boutique, de los Beastie Boys. Cuando amenazaron con demandarlos lo mezclaron con el de uno de sus éxitos: Chemical Beats. Ahora son The Chemical Brothers y la próxima semana editarán su cuarto álbum, Come With Us.

El rubio ya no luce su característica melena. Se llama Tom Rowlands y cubre su cabeza con una elegante boina. Pero sigue llevando gafas. Tiene los labios muy gruesos y no para de revolverse en el sofá. Dicen que es el más tímido. El que siempre quiso hacer música. De hecho, tuvo su primer grupo en el instituto. Tocaba la guitarra y el piano, lo cual puede sorprender a los que han dicho que The Chemical Brothers eran la cabeza visible de una explosión electrónica que estaba llamada a sustituir al rock. Pensemos hoy, a febrero de 2002, dónde demonios estarán Underworld y el furor que el mundo siente por The Strokes. Pero ellos siguen aquí. Sentado junto a Tom, Ed Simons. Su inseparable compañero desde que se encontraron en la Facultad de Historia de la Universidad de Manchester. Ambos habían venido de Londres y los unió su pasión por el old skool hip hop y el grupo My Bloody Valentine. Tenían 19 años. Ahora acaban de superar los 30. Ed declaró hace casi un lustro: "No me veo en un grupo llamado The Chemical Brothers a los 30 años". Se ríe. Y trata de justificarse: "Bueno, sí, dije eso, pero ya no tiene sentido. Quiero decir que los Beastie Boys siguen igual aunque se hayan hecho mayores. Supongo que veía los 30 muy lejos y los asociaba con estar casado, tener hijos y vivir en un adosado. Y nada que ver con eso. Soy el mismo de siempre, aunque con algo más de peso".

Probablemente, ha sido el éxito el que le ha otorgado kilos a Ed y le ha quitado pelo a Tom. Fue súbito, vertiginoso. Les llegó cuando pinchaban en The Social. Capitalizaron el boom que convirtió a la electrónica en una industria tan rentable como el pop. Ed habla de esos primeros momentos: "Fue fantástico. Estábamos preparando el primer disco. Pasábamos toda la semana en el estudio y el domingo por la noche descargábamos ideas allí. Había muchísima energía. La gente estaba harta de ir a locales enormes, fríos y elitistas, esperaba que pasase algo y tenía ganas de encontrar algo nuevo, algo fresco. Y The Social lo era. Allí pinchábamos de todo, discos de breakbeat, junto a antiguas piezas de funk y soul". Para hacerse una idea: les encantaba poner el tema Tomorrow Never Knows, de los Beatles, entre dos discos de hard-tecno. Tom continúa: "Algo ocurríaÉ y nosotros estábamos en el centro de aquello. Eso fue lo bueno".

La clave para entender que la prensa los bombardeara sobre cómo habían matado el rock durante la promoción de su segundo disco está en el profundo cambio que provocaron. Su música significó la llegada del tecno a las masas y su salida de las raves clandestinas. Significó el dudoso honor de demostrar que la electrónica arrastraba al gentío y que existía un público para ella, más allá de Depeche Mode. Uno muy distinto. ¿Por qué? Porque, en contra de las críticas que apuntaban la deshumanización de la música que significaba la electrónica, su propuesta no podía ser más carnal, más instintiva, más primaria.

Una canción de los Chemical Brothers no apela al gusto ni a la sensibilidad. Es pura pulsión, pura víscera, un petardo de adrenalina que te recorre el espinazo y se te clava detrás de los ojos. Sin que tu cerebro pueda hacer nada por evitarlo. Tal vez por ese componente irrefrenable hay quien les atribuye el mérito de haber unido rock con electrónica. Tom no puede estar menos de acuerdo: "Venimos de la mezcla. Nos han marcado desde Public Enemy a los Beatles. Pero creo que esa asociación con el rock viene de que la gente identifica algo salvaje en nuestras canciones y ha crecido creyendo que eso es sinónimo de rock, pero el hip-hop también tiene mucho de eso. Y ese aspecto de nuestra música es lo que nos acerca a la gente. Hay mucha música electrónica que transmite la sensación de estar hecha por máquinas. La nuestra evidencia que hay personas implicadas en su creación. Nosotros queremos que las emociones salgan, que afecten al público".

El primer simple de su nuevo álbum salió al mercado en julio último con el título It Began In Africa. Percusiones tribales, leones rugientes y subidones hechos para reventar las zapatillas son la carta de presentación de un disco que abunda en las claves que les han dado el éxito. ¿Qué es lo que empezó en Africa? "Bueno, al menos, el ritmo y la percusión", aclara el profesor Tom, "y eso es la base de nuestra música: el ritmo. Además, nos gustaba la idea de conectar algo ancestral con la vida de hoy en día, con la marcha, de forma que alguien, cuando estuviera bailando entre la multitud, se parara y escuchara ese tambor. Es, a la vez, moderno y primitivo. Como el rugido de los leones. Muy feroz. Bueno, y también nos gustaba cómo sonaba el ca-ca-ca". La última y desmitificadora referencia dice seguramente mucho más sobre esta extraña pareja que el resto de la grandilocuente frase. Su máxima es la ausencia de reflexión. "No pensamos en ello", fue la respuesta a al menos cinco preguntas de las formuladas en esta entrevista. Sin planes, sin pretensiones, sin autocrítica: "Sólo hacemos música -acaba por afirmar Rowlands-.Habrá gente a la que le gustará y gente a la que no. Eso es todo lo que somos. Y somos buenos en eso". Ed y él intercambian sonrisas cómplices. Hasta que se les pregunta si tienen problemas de pareja. Al fin y al cabo, son ya 10 años juntos. Y solos. "Nuestra amistad es algo muy difícil de romper -dice Ed-. Hemos hecho mucho y cada vez es más profunda". En ese momento, Tom cree necesario matizar: "Oye, pero no somos pareja ni nada de eso, ¿eh?".
A primera vista, nada parece indicar que este par de descerebrados tengan tamaña trascendencia en el reciente rumbo de la música comercial. Y la tienen. Sobre todo, por mezclar. Su batidora electrónica toma acid house y hip-hop y crea temas para todos los públicos. Aunque su método de trabajo no se base en la creación. Es decir, trabajan con un sampler y exprimen, voltean y retuercen los sonidos ya existentes hasta convertirlos en algo irreconocible y, por lo tanto, nuevo. Son un molinillo que engulle lo que sea: figuras como Noel Gallagher o instrumentistas delirantes como Jonathan Donahue, guitarrista de Mercury Rev. Y eso sólo por citar un par de colaboradores de su segundo disco. Porque la lista es larga. Así como la de las remezclas. En un tiempo todo el mundo quería tener un tema remezclado por ellos. Desde Mick Jagger (que no lo consiguió) a los Manic Street Preachers (que lo obtuvieron). Pero, de momento, han dado carpetazo a eso. Ed da sus motivos: "Ahora queremos centrarnos en nuestra música. Quizás un día nos involucremos en un proyecto ajeno, pero ahora nos gusta crear discos y conseguir números uno con ellos". Vuelven a reírse como conejos.
Eugenia de la Torriente

Los discos, paso a paso


· Exit Planet Dust (1995). El debut de los hermanos químicos impulsó, como pocos discos de la época, la masificación de la música electrónica. El hip hop y el pop se fusionan con los beats más duros. El detalle: luego de su aparición, tanto rockeros como artistas electrónicos morían por tener una canción remixada por el dúo. Hits: Chemical Beats, Song to the Siren.

· Dig Your Own Hole (1997). Su disco más vendedor, hasta ahora. Dosis de psicodelia y breakbeat de alto impacto. El detalle: la voz de Noel Gallagher en la pomposa Setting Sun. Hits: Block Rockin' Beats, Elektrobank, Setting Sun.

· Surrender (1999). La tercera entrega de los DJ reproduce la fascinación por lo retro de la época y el tecno de los primeros años vuelve a ser el hilo conductor. Con este álbum visitaron por primera vez el país y dieron cátedra en una noche a puro baile. El detalle: el disco abre con apenas tres segundos del clásico Foxy Lady, de Jimi Hendrix. Hits:Music: Response, Out of Control, Hey Boy Hey Girl.

· Come With Us (2002). Su último trabajo (aquí se editará la semana próxima) los encuentra inmersos en una andanada de psicodelia futurista jamás escuchada. El detalle: la participación del ex The Verve, Richard Ashcroft, en The Test. Hits: It Began In Afrika.

Una voz ahí, por favor

El dúo siempre tuvo un seleccionado de cantantes a su lado
La lista de vocalistas con los que Tom y Ed han contado es una alineación de lujo que para sí quisiera cualquier entrenador. Bernard Summer, de New Order, puso voz a Out of Control y Noel Gallagher a Setting Sun, ambas del disco Surrender. Tim Burguess, de los Charlatans, lo hizo en Life is Sweet, de su primer disco Exit Planet Dust.

En la última y próxima entrega, dos nombres. El uno, nuevo; el otro, de toda la vida. Richard Ashcroft (el ex cantante de The Verve) interpreta The Test y firma su primer contacto con los hermanos. Por su parte, la voz femenina que suena en The State We're In, el último corte de Come With Us, pertenece a Beth Orton, que es casi como la hermana que falta. Es la tercera vez que trabajan juntos.
La mayoría de estas relaciones se establecieron en su etapa como DJ en The Social. Lo explica Robin Turner, uno de sus creadores: "Allí se crearon muchas y muy productivas relaciones. Y Tom y Ed fueron de los que mejor las aprovecharon".

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